Mostrando las entradas con la etiqueta cola. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta cola. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de octubre de 2010

¡Qué desgracia la cola!

Para mí una de las peores cosas que tiene Caracas y que afecta negativamente la calidad de vida de sus habitantes es el tráfico. Indudablemente intervienen muchos factores pero creo que podría resumirse en los siguientes puntos:

Estrés
El tráfico caraqueño es de las cosas más impredecibles que hay, la presión de no saber la hora de llegada a un destino entre otras cosas, nos pudre y nos pone de mal humor, no hay programa de radio, paisaje, yoga o ejercicio que impida las ganas de salir corriendo, llorar o golpear cuando uno está atrapado en esas interminables colas.

Ser peor persona
Incumplimos las reglas, nos comemos la luz del semáforo, la flecha o cualquier otra cosa que nos podamos comer. Insultamos, gritamos, mentamos la madre, algunos lanzan cosas y otros hasta disparan.
La máxima es: “No importa que suceda, primero paso yo”. Definitivamente en una cola tanto conductores como peatones somos más salvajes.

Miedo
Cada vez que vemos un motorizado nos asustamos, los malandros no perdonan teléfono celular, reproductor de mp3 o cualquier prenda que medio brille. También nos preocupa que se nos recaliente el carro, que en una bajada se nos vayan los frenos o que ocurra cualquier otro desperfecto. Tememos chocar o que nos choquen por todo el tiempo y desastre que genera un accidente de este tipo en nuestra capital.

Desidia
Las vías no pueden estar en peor estado, las señales se ven poco o no existen y los fiscales de transito cuando están, nadie les hace caso.

La verdad que es muy triste que 3 minutos después de salir de mi casa mis palabras sean: ¡Coño! ¡Qué desgracia la cola!


lunes, 5 de julio de 2010

El mundial, una ladilla más

Cada 4 años muchos venezolanos tienen la oportunidad de celebrar -otra más- con el Mundial de Fútbol. No importa si Venezuela no ha ido nunca, la fiebre se vive incluso más que en los propios paises participantes.

La elección del equipo al cual ir es variada: unos siguen la tradición de sus ascendentes inmigrantes, otros se basan en el estilo y forma de juego y están los que se dejan llevar por la moda del momento.

Me parece bien que cada quien vaya por el equipo que le provoque, lo que molesta es que me pudran la vida los fanáticos enfermos que sólo hablan del tema por todos los medios posibles (en persona, facebook, twitter, etc). En la oficina donde hay pantalla de tv y se ajustan los horarios para ver los partidos, si no me gusta el fútbol ¿No me tocaría ver una película en horario laboral? Si me da igual si gana Brasil o España ¿Por qué me tengo que calar el "paveo" y la cola por celebrar el triunfo de esos equipos?

Tomando en cuenta la infame situación de país que tenemos muchos dirán que el mundial es un escape y si es cierto pero para mí es una ladilla más.

miércoles, 14 de abril de 2010

Un día de lluvia (o de m*****)

Estaba estipulado hacerme los exámenes médicos anuales en la oficina que por ley la empresa debe realizarle a los empleados. El ya acostumbrado desorden venezolano sólo permitió la extracción de sangre, quedando pendientes los demás chequeos para –espero- el día siguiente. El mal humor aumenta pero ¿Qué se puede esperar si tenía más de 12 horas en ayuno y desde temprano debía hacer cola?

A la hora del almuerzo salgo a la calle a pesar del tiempo de lluvia pienso: no hay problema tengo paraguas, claro no sabía que el mismo sería inútil y cuando empezó la fuerte lluvia me mojé por completo. Termino de almorzar y no ha parado de llover, confirmo que el peatón es el transeúnte que lleva la peor parte, si un carro se detiene y no paso por donde el conductor espera, recibo insultos y manoteos.

Sigue lloviendo y el camino se hace largo, espero que me salpique agua al pasar los carros pero milagrosamente no pasa, ya estoy cerca de la oficina, vienen caminando 2 personas un hombre y una mujer, ella más atrás, el está volteado hacia atrás diciéndole algo, cuando gira el eructa justo frente a mí, el olfato me dice que comió carne, ¡Buen provecho!
Ya no importa, la meta es llegar y no seguir mojándome.

La tarde es bien chévere con la humedad de la ropa y la actividad más divertida de las últimas semanas (si, es ironía).

Termina la jornada laboral y llego a otra cola, esta es para pagar el estacionamiento. Si hay algo que me moleste más a que se me coleen es que piensen que yo lo hago. Una "cincuentona" se me acerca con risa burlona y señala indicando que estaba en la cola, me disculpo y le digo que no sabía que estaba en la fila, ella sigue con su risa, la joven sifrina que la acompaña mueve intensamente su mandíbula y me dice: OBVIAMENTE estábamos en la cola. Para mi no era obvio pues hay un puesto de Panini, ellas estaban revisando barajitas y estaban como a un metro de la persona delante de ellas.

Feliz día.