domingo, 6 de enero de 2008

Un año de historias

Hace un año cuando decidí escribir sobre las historias de un inframundo, pensé que solo narraría lo que ocurría en el centro de Caracas. Por varias razones he perdido contacto con esa zona capitalina, sin embargo esta ciudad con el correr del tiempo se ha convertido en más inhabitable, más peligrosa y más agresiva.


En Caracas cualquier tarea rutinaria como salir a nuestros trabajos, hacer diligencias, regresar a nuestras casas, ir al cine, salir tu pareja, beber con los panas, es cada día más difícil, si no es el tráfico, es la inseguridad y si no es el agotamiento físico y mental que experimentamos diariamente.


De alguna manera nos hemos convertido en transeúntes de inframundos, y yo como un transeúnte más, quiero poder seguir contando esas historias (las mías y las de otros), ampliando los horizontes porque el centro se quedó pequeño y ahora es cuando quedan historias de un inframundo.

domingo, 11 de noviembre de 2007

El error de la Matrix

Un soleado día regresando de comer en la feria, llegando a la esquina por donde se llega a la Casa del Libertador, Rosángela y yo vimos una imagen que creo nunca vamos a entender: una mujer vestida con un traje negro de alta costura, guantes negros y una sombrilla negra, esperando el cambio del semáforo para cruzar la avenida Universidad.

Inmediatamente confirmo con Rosángela que si ella también había visto a la elegante mujer. Ella me dice que si. Yo le respondo: Chama esto tiene que ser un error de la Matrix, esta mujer parece que viene de la Quinta Avenida de Nueva York, Rosángela me contesta: Si chamo y le van a robar todo.

Cuando le preguntamos a los demás que venían más atrás, ellos nos dicen que no vieron nada. Aún tengo la duda si realmente esa mujer existió.

domingo, 7 de octubre de 2007

Historias con Buhoneros

Como dice mi amiga Lala no es lo que te pase si no delante de quien, y estas historias pasaron delante de mi…

La Cenicienta y su Príncipe Buhonero
Rosángela me pidió que la acompañara a comprar cigarros en el Pasaje Zing. Ese día ella vestía su particular combinación de rosados que incluía unos zapatos -rosados también- tipo sueco con la punta “pullua”.

Quien conoce a Rosángela sabe que ella es bastante despistada, quedó totalmente confirmado ese día cuando de regreso a la oficina más o menos a la mitad de la avenida Universidad un fuerte y continuo “siseo” hizo que volteáramos, un buhonero le dice: Mi cenicienta aquí tengo tu zapatilla, y es en ese momento cuando Rosángela se da cuenta que le faltaba uno de sus suecos, rápidamente agarró la zapatilla de su príncipe buhonero y se dio cuenta que había dado 5 o más pasos con el pie descalzo en el asfalto donde diariamente miles de personas caminan, escupen, orinan, botan basura y por donde pasan infinidad de carros y autobuses.

La Diosa del Centro
Mónica es llamativa, catira e imponente, bonita la muchacha.

Ese día salimos de la oficina, ella, Lala y yo y como siempre estábamos de mal humor, pero eso duro poco. En dirección contraria venía un buhonero que al ver a Mónica se detuvo, la detalló por un instante y embelesado exclamó: ¡La Diosa del Centro!

Eso nos causó mucha risa sobre todo porque nuestra imaginación empezó a trabajar y por ejemplo Lala se imaginó la estampita de la Diosa del Centro pero en vez de que Mónica estuviera sobre una Danta como Maria Lionza, pues al ser una deidad del centro debía estar sobre una rata.

Ese día seguimos nuestra vía, no sabemos cuánto estuvo el buhonero en estado de trance, pero le agradecemos por esos minutos de risa, por la cara de Mónica y por el sobrenombre.